No Chips, No Party!

 

Un sábado de concierto como muchos otros, esta vez el bolo era muy cerca de casa, en Oberkassel a la otra orilla del Rín.

Era sábado y hacía un calor fuera de lo común, sin duda para esa fecha eramás propio del mediterraneo que de una ciudad nordeuropea.

A las 10 de la mañana tenía que estar en la otra orílla del río, aquella Düsseldorf que pocos conocen,una de las muchas zonas donde los japoneses tienen sus hogares, tan lejos pero al mismo tiempo tan cerca de su tan querido y bello país.
Esta vez era un concierto largo, celebraban los 100 años de la construcción de una de las tantas iglesias que pueblan la ciudad.Tras casi dos horas de discursos y música, los músicos recibimos nuestra parte y nos vamos a disfrutar de tan soleado día no sin antes hacer un par de recados en el supermercado, lo de siempre: huevos, cebolla, pimientos, leche y uno de esos yogures que tanto le gustan a Yunting.

La chica que estaba en la caja tenía hoy una pequeña compradora, una niña de unos 7 años tenía entre los brazos un zumo de naranja y una bolsa de patatas con forma de osito. Tras un par de segundos de escucha indiscreta me doy cuenta de que la pequeña no tiene el dinero suficiente para las patatas, la cajera hizo de tripas corazón y le dijo que tendría que dejar los ositos porque le faltaban unos céntimos. Yo, con los oídos apuntando a la conversación sonreí a la niña y le pregunté a la cajera cúanto dinero faltaba. 75 céntimos me dijo con mirada entristecida, no se preocupe, yo invito, les dije a ambas.

La cara de la niña no se puede describir con palabras, me dijo que no importaba, que no pasaba nada, pero con yo insistir un par de veces fue suficiente para convencerla y ver como salía del supermercado con una cara de alegría de esas que sólo los niños tienen.

 

NOTA: El dibujo lo he hecho yo a mano para luego escanearlo. El diseño del personaje no es idea mía sino una copia de esta dibujante taiwanesa.