La historia de Ken

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Hace dos días acompañé a Yunting hasta Oberkassel (zona de ricachones a la otra orilla del Rín), nos tomamos un bocata, dimos un paseo corto y fui con ella hasta la casa donde le da clases privadas a casi una familia entera. Tenía dos horas de tiempo libre hasta que ella terminase y yo me estaba meando…mucho. No soy de cervezas, prefiero tomarme un café o un Bionade en un sitio tranquilo así que inicié mi búsqueda.

 

Algunas panaderías/cafeterías (Kamps, Terbuyken…) ya estaban cerrando y sólo quedaban abiertas cervecerías y restaurantes, yo ya estaba pensando en pillar el metro para en una parada estar en el casco antiguo y así poder tener más opciones, pero mi vejiga no estaba por la labor, todo hay que decirlo. Yo caminaba y pensaba…”bueno, y ¿por qué no vas al sitio ese de la esquina que siempre parece tener buenos precios y además, se ve bastante chulo?”. Es un bar/restaurante bastante grande que se llama “Prinzinger”, entré y en él no había nadie más que un hombre con una vestimenta digamos no muy habitual para las altas esferas de Düsseldorf y menos en Oberkassel, estaba sentado en un taburete directamente en la barra cenando, (aclarar que hacía bastante frío fuera en la calle), llevaba pantalones cortos, una camiseta gris y una rodillera azul típica de cuando has tenido un pequeño accidente, el hombre estaba bastante cachas (¡sin mariconeos!).

 

Yo tanteé el local (era la primera vez que entraba) y elegí una mesa alta junto a la cual había un taburete donde ipso facto dejé la chaqueta, y es que, ¡me estaba meando por la pata abajo!, tras un capuccino le pregunté al camarero por el baño, muy amablemente y con un acento que le delataba como “no alemán” me indicó el camino hacia las oficinas del señor Roca. ¡Dios, qué liberación!, subí y empecé a disfrutar del lugar y del capuccino mientras miraba chorradas por el móvil. El chico de la barra preguntó algo en inglés que ni pude oir así que ya sí, era la confirmación total de que se trababa de un guiri que estaba de paso, parecía un mochilero…pero sin mochila. En esto que llega una señora mayor para pedir una copa de vino blanco y el camarero que parecía buena gente, suelta algo tipo “prego signiorina” a lo que yo reacciono con una sonrisa. El tipo se dio cuenta y me preguntó “¿sei italiano?”, le contesté “no, sonno spagnolo”, y empezó así una no muy larga conversación en italiano:

 

Yo:¿Cuánto tiempo llevas aquí?.

Camarero: ¡34 años!.

Y: ¡Dios, cuánto tiempo!.

C: Demasiado….¿te gusta Alemania?.

Y: Bueno…digamos que no está mal…

C: …¡a mi no me gusta! (se ríe). Tú sabes que los romanos, vinimos aquí, bueno, vinieron, y cuando llegaron todos estos (los alemanes) ¡eran unos bárbaros que que prácticamente aún vivían encima de los árboles! (risas).
Y: (Descojonándome) Sí, parece mentira, y no es la primera vez que escucho esa historia (risas). Digamos, que es un país especial, con gente especial, la verdad es que tampoco es la repera en ese sentido. ¿Oye, y sois todos italianos en el restaurante?.

C: No, sólo yo y el cocinero, la camarera es de….de por ahí…de…¡Yugoslavia!, eso, Yugoslavia.

Y: ¿Y el jefe del cotarro?.

C: El jefazo es suizo. ¿Perdona, pero, qué haces en Alemania?.

Y: Bueno, soy músico, fagotista.

C: Wow, ¡genial! (pero con cara de ¿puedes vivir de ello?).

Y: Sí es genial, pero también muy dificil el poder dedicarse a ello, pero poder se puede.

C: Me imagino que si eres bueno, se podrá ganar bien la vida siendo músico.

Y: Sin duda, si eres bueno se puede llegar a vivir muy bien, eso sí, habiendo trabajado/estudiado mucho. Por cierto, disculpa mi italiano, lo poco que hablo lo aprendí con un gran amigo mío de Parma.

C: Yo tengo un gran amigo también de Parma, pero si quieres podemos hablar en español, lo hablo un poco ya que a menudo trabajo con portugueses y españoles.

Y: Ah, genial.

 

Ahí ya se puso a currar porque tenía que ir a ayudar a la camarera a hacer alguna cosa.

 

Seguí disfrutando del capuccino que, todo hay que decirlo, estaba bastante rico pese a no ser yo muy cafetero. Miro chorradas en el móvil y de reojo veo que el hombre que estaba en la barra ya había terminado y estaba pagando mientras le preguntaba algo a la camarera yugoslava en inglés. Yo seguí a lo mío hasta que veo que el hombre se me acerca, le miro y parecía una persona muy amable y hippie para lo que es Düsseldorf, me sonríe y empieza nuestra conversación en inglés:

 

Hombre desconocido: ¡Hola!, disculpa, ¿hablas inglés?.

Yo: Sí claro, un poco.

H: Oh genial, ¿eres de por aquí?

Y: No, soy español y soy músico, he estudiado aquí en Düsseldorf, es una ciudad muy bonita y la verdad es que la puedes conocer casi casi en un día.

H: Oh, yo soy de Ontario, Canadá, sí, la ciudad es pequeña pero muy bonita y sí, creo que en uno o dos días ya se puede conocer bastante bien casi toda la ciudad. ¿Sabrías decirme por dónde está el casco antiguo de la ciudad?, estoy un poco perdido ahora mismo.

Y: Claro, desde aquí es muy fácil pero…¿te gusta caminar? (le sonrío). Tienes que cruzar este puente tan largo que ves ahí y entonces giras…

H: ¡A la izquierda!

Y: No, en realidad hacia la derecha, ya verás que es muy fácil y además, tampoco está nada lejos, justo pasas el puente, giras a la derecha y ya verás casas “viejas”.

H: Fantástico, la verdad es que el otro día me perdí un poco, intenté ir desde mi hotel que está a la izquierda del puente hasta el centro pero terminé en una zona con tiendas de marcas muy caras.

Y: Claro, ¡la Königsallee!, sí…las tiendas allí son muy caras la verdad. Entonces, tu hotel está pasado el puente a la izquierda, ¿es el Meliá tal vez?.

H: Meliá…no, creo que no, me hospedo en un hotel que se llama….emmm…..

Risas

Y: No importa, pero bueno ya sabes, el casco antiguo está ahí al lado.

H: Muchísimas gracias, eres muy amable.

Y: Bueno y, ¿qué te trae por Düsseldorf?

H: Estoy aquí para la “Messe”. REHACARE, temas de rehabilitación para gente con problemas de movilidad, etc…

Y: Oh REHACARE (con cara de no saber de qué me hablaba), ¿para qué sector en concreto?.

H: Nosotros vendemos bicicletas para niños con poca movilidad, etc.

Y: Wow, ¡qué bien!.

H: Disculpa pero, ¿podrías hacerme un último favor?

Y: ¡Sí claro!.

H: Muchas gracias, ¿podrías preguntarle a la camarera si sería posible alquilar el local entero por una noche para el año que viene?.

 

Le pregunté a la camarera y me comentó que sin ningún problema, que de aquí a un año era a muy largo plazo pero que lo harían gustosamente. Entonces la mujer le dió una tarjeta con la dirección del sitio y el hombre la metió ¡dentro de los calcetines!. Yo pensaba, este tío es un verdadero crack.

 

H: Bueno, muchísimas gracias de nuevo por toda la ayuda, de verdad, has sido muy amable, me llamo Ken, encantado de haberte conocido. (Se pone a buscar algo entre sus bolsillos) Disculpa pero no tengo ninguna tarjeta de contacto para darte.

Yo: No te preocupes, yo también me alegro de conocerte siempre está bien poder ayudar a alguien que no es de la ciudad, me llamo Javi. Lo de la tarjeta no importa, pero por curiosidad ¿en qué empresa trabajas?.

Entonces me vuelve a sonreir y me señala la camiseta que llevaba puesta, muy “surfera” salvo porque en ella tenía estampado el nombre de la empresa.

Ken: “Freedom Concepts Inc.” aquí puedes ver cómo se llama (señalando la camiseta).

Yo: (Vuelvo a reírme) Perfecto, me lo apunto y le echaré un vistazo en internet. De nuevo, encantado de conocerte y que te vaya todo muy bien.

Ken: Lo mismo digo, encantado de conocerte y muchísimas gracias por la ayuda.

 

Entonces termino el capuccino, me despido del camarero italiano y de la chica yugoslava para ya en la calle buscar desde el móvil la empresa en la que trabaja Ken. Fui a la sección de “About” y…esto es…lo que me encontré…

http://www.freedomconcepts.com/about/

 

 

“The cycle of mobility — it’s more than a tagline. It’s the idea that every one of us at Freedom Concepts is dedicated to. Creating handcrafted products with pride, quality, and ingenuity, with the goal of providing therapy, recreation, fun, and most of all, freedom.”
Ken Vanstraelen
President,
Freedom Concepts Inc.

Por |septiembre 28, 2013|0 comentarios|

¡Taiwán, hasta la próxima!

¡Ya estamos de vuelta!…¡desde hace más de una semana!.

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Cuanto más conozco Taiwán más me enamoro de la isla y de su gente, y es que cada vez que volvemos y pisamos territorio alemán, joder…no es que te entre depresión, pero poco falta. Te faltan las motos, los comercios abiertos por las calles, la gente, el calor, en resumen, ese trasiego taiwanés que tanto atrapa.

 

 

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Durante un mes hemos disfrutado de la isla en todo su esplendor, siempre todo hay que decirlo, acompañado de tifones, calor y buen yantar.

 

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Por fin pudimos ir al este de la isla (Hualien), zona de preciosos paisajes y naturaleza aún si cabe más salvaje. Disfrutamos como enanos.

 

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Como no podía ser de otra manera, también visitamos templos, pueblos vecinos y grandes urbes. Estas son sólo unas fotos para que os vayáis haciendo a la idea de lo que iré publicando en el blog. Os aseguro una cosa, si antes no os interesaba Taiwán, terminaréis disfrutándola tanto como yo, ¡seguro!.

 

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Por |septiembre 21, 2013|0 comentarios|