Lo reconozco, nunca he sido “Boy Scout”. Aunque a decir verdad teniendo en cuenta de dónde soy y los sitios en los que he estado, se podría decir que he tenido momentos “Boy Scout”. Pisar cagadas de vaca, montar una tienda de campaña en la intemperie, perderme por bosques, bañarme en rios, coger una trucha con la mano…

 

Lo de coger una trucha con mis manos merece una aclaración, historia:

Como todos los fines de semana, fuimos a la casa que teníamos alquilada en Soto de Agues, se podría decir que ahí lo llegué a pasar tan bien o incluso mejor que en mi pueblo natal.

 

Soto de agues

Soto de Agues – Foto: Bicherío del alto Nalón

 

El caso es que yo era un criajo y aunque suene un poco surrealista, me metí en el río a jugar con las piedras. No es un río caudaloso por lo que salvo en determinados puntos el nivel del agua me llegaría por debajo de las rodillas. El caso es que pude ver varias truchas nadando hacia donde yo estaba y justo en ese momento, no se cómo, pude ver que una se había metido entre dos piedras, ante algo tan tentador para un crío de 8 años no había más que una cosa posible que hacer, meter mano a la trucha. Dicho y hecho, me tí las manos y ahí estaba, intentando escapar moviéndose como una loca para que ese crío (yo) la dejase de vuelta en el río. Por desgracia para la señora trucha (y para qué mentir, no se cómo) conseguí sujetarla fírmemente con mis manos. Yo con una sonrisa de oreja a oreja y mi padre alucinando pepinillos. Nos la comimos el mismo día xD

 

Boy Scouts in Paris

Los Boy Scouts de París.

Estábamos muertos de tanto pateo por París, y ya que nuestro objetivo estaba prácticamente a la vista (Torre Eiffel), decidimos tomarnos un pequeño descanso en una de las calles vecinas. No pasaron ni 3 minutos cuando vemos que de una de las esquinas de la calle se inicia un desfile poco usual para tan romántica y mundial urbe…críos con botas llenas de esfuerzo y diversión, la mayoría tenían una mochila a la espalda con lo básico para pasar la noche en el campo, algunos portaban bidones con agua, los más fuertes ayudaban llevando grandes cacerolas y cajas llenas de comida. ¡Boy Scouts en París!, estoy seguro que pese a las caras de cansancio y al barro acumulado en sus botas, recordarán con alegría y añoranza esos días que pasaron sin más comodidades que las de su saco de dormir, su linterna y un camping gas.