Nunca antes había estado en París, no así Yunting que ha ido ya varias veces.

Lo primero una vez elegido el destino del viaje, es localizar los mejores sitios. Los amigos, internet y las guías de viajes ayudan muchísimo a planificar la visita y hacer una lista de “los sitios a los que hay que ir”, pero uno nunca tiene que olvidarse de las casualidades y de las sorpresas que le esperan en cualquier momento.

Navegando por Youtube dimos por casualidades de la vida con un video del mítico Gordon Ramsay, en él, Gordon hace una visita a la que para él, es la pastelería parisina que mejores croissants tiene, Arnaud Delmontel.

 

No hace falta decir que nos apuntamos la dirección y fuimos de cabeza a comprobar si todo esto era simplemente una campaña de marketing o si verdaderamente los croissants eran tan buenos como él decía en el video.

Sinceramente, París es una ciudad muy bonita, y mientras nos dirigíamos a nuestro destino yo no dejaba de sorprenderme de la especial belleza de las calles que nos iban acompañando durante el camino.

 

Paris

 

Ahora todo eran subidas y calles estrechas, a lo largo de varios minutos este sería nuestro paisaje hasta que por fin, como si de un espejismo se tratara nos encontramos con aquello que días antes habíamos visto en forma de píxeles en nuestra pantalla de ordenador.

 

Paris

 

Había bastante gente, la pastelería está en una calle llena de pequeños negocios y por tanto, concurrida pese a no ser céntrica.

Justo antes de ir a pedir dos croissants me doy cuenta viendo el escaparate, de que no sólo tenían según Gordon Ramsay el mejor croissant de París, sino que habían sido premiados en 2007 por tener la mejor baguette de la ciudad.

 

Paris

 

La comanda estaba más clara que nunca y como la historia empezó como una casualidad, no íbamos a irnos de allí sin nuestra taza de suerte. ¡Sólo les quedaba un último croissant y no iban a hacer más en todo el día!. Suerte, ¡más que suerte!. Cogimos nuestro croissant y nuestra baguette y nos fuímos a degustar ese manjar de dioses.

 

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¿Conocéis esa sensación de decir, ahora sí…esto sí que es vida?. Crujiente, esponjoso…no soy de comer pan ni croissants ni tampoco un experto en “masas” pero lo de aquel 23 de abril nos quedará grabado en la memoria para el resto de nuestros días como el mejor croissant y la mejor baguette de París.