Parece mentira que ya haya pasado un año desde mi primera visita a Taiwán, sólo tengo buenos recuerdos de ese viaje, al llegar a Alemania tenía muy claro que quería volver al menos una vez más, lo que de ninguna manera me imaginaba es que volvería tan pronto, ¡en poco más de 2 semanas volamos a Taiwán! (si no pasa nada raro).

La familia de Yunting siempre me preguntaba que si cuándo volvía a Taiwán, que a ver si volvía pronto…yo siempre les decía “¡no hay pasta, pero volveré!…en un par de años, claro.”. El caso es que por “h” o por “b”, casi de un día para otro, surgió la posibilidad de volver a esa pequeña gran isla, pero esta vez con un una pequeña pero importante mejora. ¡No estaremos 24h de viaje!. No se si lo comenté, pero el año pasado los vuelos más baratos eran con una compañía china, tenías que hacer transbordo, esperar 7 horas en Pekín, y bueno…entre pitos y flautas, desde que sales hasta que llegas a tu destino pierdes casi 23h. Además que por aquel entonces volé sólo (Yunting llegaría más tarde por culpa de retrasos a causa del tifón).

Pero como ya digo, ahora hay una pequeña pero importante mejora, ¡volamos directos desde Frankfurt hasta Taipei, y volamos juntos!, qué gustazo, 13h de vuelo y con una compañía taiwanesa que según Yunting, además de ser muchísimo más amables, la comida está mucho mejor que con la compañía china con la que volamos la última vez.

 

Volveré a visitar aquellos sitios que me alucinaron, descubriré otros tantos y cómo no, sacaré muchas fotos.

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La bollería artesanal tiene una calidad alucinante.

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Una cafetería con un caballo por logo.

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Dentro de una tienda en uno de los centros neurálgicos de la ciudad.

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Zona del “SOGO“, informática a “tutti plen”.

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Manjar de dioses, helados Cold Stone.

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Lo primero que voy a beber nada más pisar tierra.

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¿Aburrirse?, en Taiwán eso es muy difícil.