Unos días atrás, fui a la confitería Heinemann, una de las mejores y más antiguas de la ciudad, también de las más caras.

 Heinemann DüsseldorfEntrada.

Tenía que ir a comprar dos “paquetes” de unos pralinés dorados para que Yunting se los regalara a un par de amigos. Yo para estar 100% seguro de que no contenían alcohol, le pregunté a una de las abuelillas que trabajan en la tienda, me dio la mejor respuesta posible, uno de los pralinés. Ya los había probado hace mucho, pero, ¡qué locura!, estaba acojonantemente rico, perfectamente balanceado, ni muy dulce ni muy amargo, super cremoso, ¡de 10!. Mi respuesta a la mujer fue “¡me he vuelto a enamorar, pero no se lo diga a mi novia!”.

A los pocos días nos dio por ir a comer a un restaurante taiwanés que habían abierto en Düsseldorf hacía unos pocos días. No está mal, pero las porciones son un poco escasas teniendo en cuenta el precio. El caso es que después salimos a dar un clásico paseo por la Königsallee.

 

Heinemann Düsseldorf

Vista del canal de la Königsallee.

Poco antes de llegar, nos volvimos a cruzar con Heinemann y le dije a Yunting…va, vamos a ver cuánto cuesta comprar unos chocolates sueltos al peso. ¡Sorpresón!, cuestan la mitad que los que ya vienen emperifollados con lazitos y en caja. Lo que primero fue un: “igual si no son tan sumamente caros como los de la caja, pillamos un par de esos dorados y ya tenemos un mini postre”, pasó a ser: “bueno, cuestan casi la mitad…pilla un par de otro sabor y a bailar”. Decir que los otros también estaban muy muy ricos.

 

Heinemann Düsseldorf

El interior renovado hace pocos meses.

Heinemann Düsseldorf

¡El paraíso!.

Heinemann Düsseldorf

También venden tartas muy ricas.

Heinemann Düsseldorf

Pralinés espolvoreados con oro.

Heinemann Düsseldorf

Zona de pralinés al peso, 5,50€ los 100g.

Heinemann Düsseldorf

Así que si estáis de paso por Düsseldorf o si vivís aquí, no dejéis de pasaros por Heinemann, el paraíso chocolateril en Düsseldorf.